Scottish Chamber Orchestra - Live review for Spanish Tour - Opus Musica


01 December 2007
Opus Musica
Antonio José López Domínguez

La Scottish Chamber Orchestra, dirigida por Frans Brüggen, y el joven clarinetista español, Maximiliano Martín, se presentaron el pasado sábado 27 de octubre en el Teatro Monumental de Madrid dentro del XXXV Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música organizado por la Universidad Autónoma de Madrid. Las tres formas musicales que se sucedieron en la propuesta musical de este concierto parecieron dispuestas estratégicamente para crecer en su desarrollo y complejidad musical: una obertura, un concierto y finalmente una sinfonía.

El concierto se abrió con la Obertura de La Bella Melusina, Op. 32, de F. Mendelssohn (1809-47). Su autor se inspira en la leyenda de Poitiers y los cuentos de Melusina, hada y princesa que tenía el poder de transformarse parcialmente en serpiente, pretexto inicial de la obra cuyo título original era La sirena y el caballero, y que a su vez se apoyaba en un libreto de Grillparzer que acababa de servir para una ópera de Konradin Kreutzer. Tras la visión de esta ópera, Mendelssohn decidió escribir esta obertura, cuyo estreno tuvo lugar el 7 de abril de 1834 por la Orquesta Filarmónica de Londres dirigida por Ignaz Moscheles. La Scottish Chamber Orchestra logró una interpretación de gran calado poético iniciada y concluida en pianissimo por los clarinetes. La atmósfera de misterio recreada fue exquisita y equilibrada. Un verdadero logro musical acentuado y articulado por Brüggen. Es admirable la vida que este director proporciona a las obras, a pesar de dirigir sentado sobre el podio y con manifiesta contención gestual.

A continuación, y cerrando el primera parte del programa, se interpretó el Concierto para clarinete en La Mayor, K 622, de W. A. Mozart (1756-91). De los once conciertos para instrumentos de viento que compusiera a lo largo de su vida, éste para clarinete, es el último de todos ellos. Escrito en 1791, todo parece indicar que es el resultado de la insistencia de su amigo y hermano francmasón, el clarinetista Anton Stadler, durante la estancia en Praga provocada por las representaciones de La Clemenzia di Tito en la que Stadler debía tocar dos largos obbligati para clarinete y clarinete tenor. Magistral Maximiliano Martín con un clarinete que enamoró por su delicadeza expresiva y su majestuosidad técnica facilitando esa sensación de tristeza y alegría teñida de nostalgia que nos invade cuando escuchamos a Mozart. No en vano es destacado como uno de los jóvenes clarinetistas con mayor proyección internacional de su generación. Contagió a la sala y se despidió con una propina que supuso el final de la primera parte.

La Sinfonía nº 3 en la menor, llamada Escocesa, ocupó la segunda parte del programa. De todas las sinfonías escritas por Mendelssohn, esta es sin duda la que necesitó más tiempo para ser concluida: trece años, de 1829 a 1842. Para el propio Mendelssohn la elaboración de esta obra supuso un verdadero desafío, que arrancó en un principio de las impresiones recibidas en aquel viaje realizado a Escocia en 1829, y que le llevó a rescatar del pasado toda una serie de vivencias a las que había que dar una forma musical. El gesto comedido, la sobriedad, el equilibrio magnífico de texturas y contrapuntos...Brüggen otorgó a cada movimiento su protagonismo con total independencia captando en toda su esencia el color de cada uno de ellos. La inmersión total  de la orquesta en la obra produjo los resultados más elocuentes a través de una muy cuidada interpretación. A destacar una sección de viento que exhibió con gran  virtuosismo un fraseo cálido y preciso.


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